lunes, 7 de mayo de 2007

EUROLIGA VERDE




El Panathinaikos se confirmó ayer como el gran dominador del basket europeo de los últimos tiempos al sumar su cuarta Euroliga en los últimos once años tras las de 1996, 2000 y 2002. El equipo de Atenas, apoyado en todo momento por un pabellón volcado a su favor, se impuso al CSKA Moscú por 93-81 en uno de los mejores partidos de baloncesto que se ha podido ver en los últimos tiempos. Los dos equipos se redimieron así del pobre espectáculo ofrecido en semifinales aunque sólo los anfitriones, que dominaron el marcador salvo en momentos puntuales, recibieron el premio de la victoria.

Todo fue excesivo en la final de ayer. La anotación superó en más de un 50% la de las semifinales, se señalaron 61 faltas personales, se lanzaron 80 tiros libres (se anotaron 64), se vieron cuatro faltas técnicas y el encuentro alcanzó la increíble duración de dos horas y veinte minutos. Lo nunca visto en el basket FIBA.

Pero a ni uno solo de los 18.000 espectadores que abarrotaron el OAKA el encuentro se les hizo demasiado largo. Tanto Panathinaikos como CSKA ofrecieron un espectáculo de primera categoría, en el que el talento y el acierto ofensivo se impuso clarísimamente a la intensidad con que los dos rivales se emplearon en defensa.

El Panathinaikos se benefició de una puesta en acción más rápida que su rival, y ahí radicó buena parte de su éxito. De la mano de un Diamantidis completísimo, se escapó pronto (16-8) y supo contener a partir de ahí todos los intentos de reacción del CSKA, que fueron numerosos. Los rusos se encontraron contra las cuerdas en muchos momentos del choque (40-31, 46-36 al descanso, 65-55, 83-73) pero siempre lograron levantarse, principalmente gracias a un Papaloukas inmenso, que se echó a su equipo a las espaldas siempre que fue necesario. De la mano del base griego, que firmó su máxima anotación en Euroliga con 23 puntos y sólo falló un tiro, el CSKA llegó vivo a la recta final (73-69, minuto 35).

Varias canastas de mérito de Batiste y Tomasevic parecieron sentenciar el choque cuando restaban poco menos de cuatro minutos (83-73). Pero el Panathinaikos tuvo que sudar hasta el final para celebrar su triunfo. Con 87-79 en el marcador y sólo minuto y medio por delante, dos triples seguidos de Langdon hicieron el silencio en el OAKA. Tuvo que ser un jugador experimentado como Batiste el que le sacara las castañas del fuego al Panathinaikos al resolver un 'uno contra uno' en la zona a 36 segundos del final. A partir de ahí, los griegos ya no fallaron y amarraron su triunfo desde la línea de personal.

Fue el delirio en el OAKA, que se rindió a los suyos y en especial a Zeljko Obradovic, el técnico que logra convertir en éxito todo lo que toca.

0 comentarios: